
We were on the edge of the desert when the drugs began to take hold
Salgo de mi carpa y busco el cadáver de Riquelme. Busco en el estanque donde lo oí lanzarse pero no encuentro más que huesos de peces. Vuelvo al campamento y descubro que las ramas de un árbol discuten. Amenzan con separarse para siempre y con ello partir en dos al pobre tronco. Así que las abrazo y con palabras dulces intento que se hagan amigas de nuevo. Durante un momento yo, el tronco y las ramas somos como una familia y el ruido del río es como la canción final de una película.
Quizás es el ruido del agua lo que me lleva a seguir explorando hasta descubrir que un cerro ha invertido su relieve y se ha convertido en una rampa. Si corro y salto desde donde estoy, puedo apoyarme en el cerro y lograr el último impulso necesario para salir volando hacia el espacio.
Lo pienso, pero prefiero darme vuelta y probar mis nuevos poderes telekinéticos deteniendo el curso del agua. Sólo logro detener parte de la corriente, no toda. Entonces trato de congelar el río. Cierro los ojos y aprieto los dientes, haciendo presión en mi cabeza. Cuando ya no oigo nada, abro los ojos y estoy frente a un río de cristal. Silencio húmedo de grillos milagrosos.
Luego voy al estanque y camino sobre el agua. Mientras lo hago diviso a Riquelme a lo lejos. Nos reunimos y nos abrazamos, felices ante la maravilla. Me cuenta con ojos brillantes que las estrellas se caen del cielo, que los cerros están llenos de monos fluorescentes, que habló con un caballo. Yo le digo que no veo estrellas en el suelo, pero que si levanto la vista puedo pasar mi mano por detrás de ellas. Sonríe.
Caminamos y de pronto me quedo mirando el suelo. Noto que, con cada paso, se acerca más a mi cara. Cuando levanto la cabeza para decírselo a Riquelme, veo que mide por lo menos un metro más que yo. Le grito que me estoy achicando. Me mira y salta y grita que sí, que es cierto, que me hago pequeño. De pronto vuelvo a crecer. Nos reímos.
Luego aparece un puente y lo cruzo. Con mis poderes telekinéticos, congelo el río y mantengo el puente quieto mientras camino sobre él. A medio camino, levanto la vista y veo como aparece un ojo sobre la Luna. Un ojo que me mira con enojo. Por el borde de la Luna se forma una lágrima y dejo de mirar antes ponerme a llorar yo también.
Cuando vuelvo del puente, Riquelme está en cuclillas, tomándose la cabeza con las manos. Le pregunto qué le pasa y me mira como si volviese de la muerte. Me vio caer tres veces al agua. Me reviso la ropa y estoy seco.
Encontramos finalmente al caballo. No nos habla. Hace rato sentimos que una sombra nos acompaña. No nos asusta. Descubro un agujero en medio de un cerro, desde donde se asoma la luz de una locomotora. El tren de la noche que quizá pase junto a nosotros.
Cuando volvemos al campamento descubrimos que un cerro se ha transformado en un oso gigante de jengibre. Como hormigas en medio de la maravilla reímos y saltamos. Como niños, también. El oso nos mira y sonríe. Qué ganas de abrazarlo, que cortos nuestros brazos.
Volvemos finalmente al campamento. Todo es agua para mí, debo palpar para asegurarme de que las cosas estén secas, una consecuencia de mi delirio mesiánico, que provocó que Riquelme fuera poseído por el diablo. Ahora se sienta y prepara unas tostadas sobre una fogata donde después crea una ciudad en llamas.
Yo miro los mosaicos de las ramas y luego me transformo en una tortuga.
Los insectos chillan como el ruido blanco de una radio pero no se acercan. El río sigue sonando. Las ramas siguen creciendo.
Finalmente, después de varios amaneceres falsos, viene el verdadero.
No hubo pánico, pero sí locura. Felicidad, y ahora sueño.
Two good old boys in a fire-apple red convertible. Stoned. Ripped. Twisted. Good people.
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Wikipedia: libro y película
Hunter S. Thompson
Raoul Duke
Dr. Gonzo
Cactus San Pedro
Mezcalina
Dosis, aplicación, etc.
Video: cómo extraer la mezcalina de un cactus
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